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La narcolepsia es un trastorno del sueño grave que afecta a una de cada 2.000 personas, o aproximadamente a 200.000 personas en la Unión Europea y 150.000 en EE. UU. Se caracteriza por la pérdida de los límites definidos entre el estado de vigilia y sueño.
Las personas con narcolepsia tienen sueño casi todo el tiempo y no pueden evitar dormirse durante unos minutos o hasta una hora varias veces cada día. En términos médicos, esta somnolencia anómala se denomina somnolencia diurna excesiva. Las personas que la padecen duermen mal por la noche, se despiertan muchas veces y sufren algunas alucinaciones especialmente vívidas, similares a sueños, cuando se están quedando dormidas. Normalmente no experimentan una cantidad suficiente del sueño profundo y reparador necesario para sentirse descansado y alerta por la mañana. Los narcolépticos son proclives a sufrir sonambulismo y parálisis del sueño, es decir, pueden quedar inmóviles durante unos minutos después de despertarse.
Alrededor del 60%-90% de los pacientes con narcolepsia tienen cataplejía, sufren una debilidad muscular súbita que puede oscilar entre la caída de la cabeza y el rostro hasta el desplome completo de la persona. Normalmente está desencadenada por emociones fuertes, como risa, ira, sorpresa o miedo, o por un ejercicio agotador.
La narcolepsia parece ser el resultado de un funcionamiento anómalo de algunos neurotransmisores cerebrales que normalmente ayudan a mantenerse despierto. A menudo se dan varios casos dentro de la misma familia y suele aparecer en la adolescencia o en la segunda década de vida.
La narcolepsia normalmente se diagnostica a partir de los síntomas de somnolencia diurna excesiva, cataplejía y trastornos del sueño nocturno, que pueden ser confirmados con pruebas realizadas en un laboratorio del sueño.
La adopción de hábitos de sueño regulares por la noche puede reducir el cansancio diurno y reservar un momento adecuado del día para dormir un rato puede disminuir el número de ataques de sueño súbitos e incontrolables que sufren las personas narcolépticas.
Algunas personas toman estimulantes durante el día para mantenerse despiertos, pero estos medicamentos pueden causar irritabilidad y dificultar el sueño nocturno. El consumo de pastillas para dormir puede facilitar el sueño por la noche pero puede provocar somnolencia durante el día.
Los antidepresivos se usan a veces para tratar la cataplejía, pero con poco éxito. Los pacientes acaban tolerando el medicamento y ello obliga a aumentar las dosis, y en algunos casos su efecto acaba desapareciendo y obliga a cambiar de medicamento. Muchos antidepresivos tienen efectos secundarios molestos, como el aumento de peso. La suspensión repentina del tratamiento con antidepresivos puede empeorar la cataplejía y, por consiguiente, la dosis siempre debe reducirse gradualmente.