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Rita Hayward lleva bien lo de ser una gran familia, a pesar de que todos sus hijos, excepto uno, son alérgicos. Las estrategias que utiliza para afrontar tantas enfermedades son eficaces, pero le causan un gran estrés e influyen enormemente en su vida cotidiana.
Chloe Hayward, de siete años, padece asma, eccema y rinitis alérgica. Chloe siempre ha de tener a mano varios medicamentos, por si sufre una crisis, y debe aprender a vigilar su enfermedad. El asma puede aparecer en situaciones y circunstancias diversas; cualquier cosa que irrite las vías aéreas puede desencadenar los síntomas. Un aspecto muy importante del control de los síntomas es evitar sus desencadenantes, aunque esto puede ser muy difícil en la vida diaria. Además de su alergia nasal, la pequeña Chloe sufre alergia al polen, y tiene que soportar el goteo, la congestión y el picor de nariz, los estornudos y la irritación de los oídos y la garganta. Las sustancias que causan la rinitis alérgica son cada vez más variadas y activas, y Chloe y Rita deben vigilar constantemente el entorno para evitar todo lo que pueda producir una crisis de rinitis alérgica o asma. Un gran problema para una niña pequeña y una gran preocupación para Rita.
Al igual que muchos otros pacientes afectados por el asma y la rinitis alérgica, Chloe también padece eccema y necesita baños especiales y cremas hidratantes con frecuencia. La hora del baño y de dormir no es fácil para Rita, pues debe cerciorarse de que Chloe tiene la piel hidratada para evitar la inflamación y el dolor. Pero la historia de la familia Hayward no acaba ni mucho menos aquí. Kyle, de cinco años, tiene muchos más problemas, pues padece asma, alergia al polen y varias alergias alimentarias. También sufre de eccema, hasta el extremo de que Rita y su esposo deben seguir cada día un plan estricto. Cuando era un bebé era necesario aplicarle crema hidratante al menos ocho veces al día, y aunque ahora sólo la necesita tres o cuatro veces, aplicar la crema lleva su tiempo. Kyle puede sufrir molestos rebrotes en el cuerpo y particularmente en el rostro, que precisan una atención especial. Tratar el asma de Kyle también resulta estresante para sus padres, ya que siempre debe tener la medicación cerca, tanto para su urticaria como para el ahogo o las sibilancias.
La vida es tan estresante para la familia Hayward como para el pequeño Kyle, al que se le diagnosticaron alergias a los frutos secos, huevos, leche, marisco, semillas de sésamo, guisantes, lentejas, garbanzos y alubias blancas cuando era un bebé. Estas alergias se le diagnosticaron después de someterlo a una serie de pruebas invasivas de punción cutánea y de provocación con alimentos y análisis de sangre. Las alergias de Kyle afectan a todos los aspectos de la vida de los Hayward, y a pesar de que Rita se ha convertido casi en una experta en el tratamiento de las alergias, afrontar todas las enfermedades de sus hijos le resulta agotador y estresante. A veces le falta tiempo para preparar los tratamientos, recoger las recetas, consultar a médicos y enfermeras e informar a sus hijos. Los rebrotes y los incidentes también son traumáticos para ella y para sus hijos, y jamás puede bajar la guardia mientras duren las alergias.
Por suerte, la primogénita de dieciséis años, Ines, no sufre ninguna alergia; aunque la familia no descarta la posibilidad de que pueda acabar padeciendo una, ya que todos sufren atopia y, ciertamente, no pueden dar nada por sentado.