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Vivir con la enfermedad de Parkinson avanzada

El siguiente relato narra la vida del Sr. D, que experimenta la enfermedad de Parkinson en fase avanzada.

El Sr. D pasa la mayor parte del tiempo sentado en un sillón escuchando la radio o viendo la televisión con los otros residentes de la casa. A causa del tratamiento sufre fluctuaciones impredecibles que van desde la libre capacidad de movimiento hasta la inmovilidad completa, pasando por movimientos entrecortados.

Mantiene el equilibrio con dificultad cuando está de pie y ha sufrido algunas caídas, pero a pesar de ello, estar sentado le resulta a menudo incómodo; cuando la medicación deja de hacer efecto no puede controlar el temblor de brazos y piernas y sus músculos pueden quedarse rígidos. Cuando consigue levantarse se queda completamente inmóvil muchas veces, incapaz de comenzar a caminar, o bien sus pasos se acortan y camina arrastrando los pies.

En ocasiones tiene dificultades para hacerse entender cuando pide cosas. Su voz parece haber cambiado y ha perdido potencia y claridad. Comer le plantea dificultades: a veces tiene problemas para masticar y tragar, y necesita la ayuda de una enfermera.

Los días se hacen borrosos, a menudo no puede recordar qué día es o los nombres de las personas que se sientan a su lado. Suele dormirse durante el día. El Sr. D está deprimido porque sabe que su enfermedad está empeorando. Siente que está perdiendo la dignidad, y las fluctuaciones de la movilidad provocadas por el tratamiento son cada vez más impredecibles.

El Sr. D teme el momento de acostarse porque es cuando los temblores son peores: siente un hormigueo en las piernas, tiene problemas para dormirse y las enfermeras tienen que girarlo durante la noche.

Este relato pone de manifiesto que la enfermedad de Parkinson avanzada puede ser muy debilitante e influye en todos los aspectos de la vida de una persona.

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