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El siguiente relato narra la vida de la Sra. A, que experimenta las primeras fases de la enfermedad de Parkinson.
Por la mañana, la Sra. A tiene cada vez más problemas para levantarse porque sus músculos siempre están como rígidos. Vestirse le lleva más tiempo de lo habitual y tiene problemas para abrocharse los botones; prefiere usar ropa con cremallera, o si no la ayuda su marido.
Ha notado que su letra es ahora mucho más pequeña de lo habitual cuando hacía anotaciones en los libros o escribía informes. Con frecuencia deja a un lado los crucigramas porque no puede acordarse de las palabras correctas. Por la tarde, a menudo se queda dormida delante del televisor en lugar de salir a hacer cosas al jardín como era costumbre.
Últimamente, la Sra. A se ha dado cuenta de que cuando se sienta en el sillón la mano derecha le comienza a temblar sin causa aparente. El temblor para cuando mueve la mano. Y cuando se levanta del sillón sólo es capaz de moverse con lentitud.
La Sra. A prefiere irse a la cama pronto porque cada vez se siente más cansada. Pero cuando está en la cama, le resulta difícil girarse. Acepta todos estos cambios como una consecuencia inevitable de la vejez pero se siente deprimida porque es incapaz de hacer algunas cosas que le gustaban o que daba por sentadas. Cada vez depende más de su marido.