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Michele Walz habla en nombre de su hija Rachel de diez años
Año de diagnóstico: 2000
Tipo de epilepsia: crisis parciales complejas
Vive para su familia
A veces, ver las cosas desde una perspectiva distinta lo cambia todo. Piense en el día en que Michele Walz y su marido regalaron ilusionados a su hija Rachel, de tres años y medio, su primera bicicleta: un triciclo rojo. "A Rachel le encantó, pero cuando se sentó no podía moverla", dice Michele, de Nueva Jersey.
Pero apenas una semana después, gracias a su gran empeño (y desconocedora de que sufría epilepsia y parálisis cerebral debido a un accidente cerebrovascular ocurrido a las seis semanas de nacer) Rachel montaba en bicicleta. "Esto es típico de ella" afirma su madre, "siempre que Rachel se enfrenta a un obstáculo, pone todo su empeño y consigue todo lo que quiere". Contemplar como Rachel supera los obstáculos una y otra vez ha permitido a su familia entender que los contratiempos temporales son precisamente eso, temporales.
Esta fue una lección muy importante, porque Rachel y sus padres y hermanos tuvieron que pasar por cuatro largos años de visitas a urgencias y de tentativas infructuosas con múltiples medicamentos antes de que acabaran diagnosticándole la epilepsia. Los días que Rachel sufría varias crisis, Michele permanecía durante horas en el sofá con ella, viendo la programación infantil de la PBS. Cuando el hermano y las tres hermanas de Rachel, varios años mayores que ella, volvían a casa de la escuela se turnaban para tenerla en brazos mientras Michele echaba una mano con los deberes o preparaba la cena.
Con la participación de todos, la familia salió adelante y acabó encontrando el medicamento adecuado para Rachel, y finalmente recibió la aprobación para beneficiarse de la Seguridad Social. "Tenemos unos hijos estupendos en los que podemos confiar para todo", dice Michele. "Ahora somos una familia normal que no vive dominada por la epilepsia. Y eso nos hace muy felices".
Parte de esta alegría, por supuesto, la da ver a Rachel correr y crecer sin temor. "Regatea con el balón de baloncesto mejor que cualquier otra niña de su edad que conozca, y cuando tira a canasta adopta la postura perfecta", afirma con orgullo su madre. "El otro día le compré unas botas de fútbol. No hay nada que la epilepsia le impida hacer".
Lea más testimonios de pacientes en www.epilepsyadvocate.com.

La epilepsia no le impide hacer nada a Rachel. Somos una familia normal, que vive una vida plena.
Michele Walz